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De la popularidad de las grullas (II)

La interacción entre aves y hombre es una cuestión evidente, especialmente en los ambientes rurales, más conectados con los sistemas naturales. Sin embargo no son muchos los grupos de especies que han llegado en esta cuestión hasta el nivel alcanzado por las grullas, en muchos casos por su proximidad, pero también, como se comentó en el post anterior, por tratarse de especies que llaman mucho su atención. En este sentido, por su importancia, debe hacerse referencia a su interrelación con los usos humanos. Las grullas han visto reemplazados en muchos casos sus hábitats originales por terrenos agrícolas que les abren nuevos escenarios. Muchas de las especies de  grullas, como en el caso de la grulla común, muestran gran adaptabilidad a estos cambios y han sabido aprovecharlos de forma óptima. Otras, menos adaptables, se encuentran en serio riesgo de desaparición. Así, en el área mediterránea, en las zonas de invernada de nuestras grullas, se implantan con mayor frecuencia cultivos de arroz, que les brindan -por su encharcamiento- zonas de dormidero adecuadas así como alimento en sus rastrojos una vez finalizada su cosecha a principios de otoño; en todo su recorrido europeo, la intensificación de cultivos mejora la disponibilidad de biomasa de alimento en forma de rastrojeras de maíz o girasol, o siembras y rastrojos de cereal de invierno. La apertura y mantenimiento de dehesas, explotadas en extensivo como montanera o como pastos, viene facilitando un hábitat óptimo para la invernada de la especie, uniendo esta vez tradición agropecuaria con conservación de la biodiversidad. La imagen de tractores agrícolas trabajando el suelo próximos a grandes grupos de grullas son estampas repetidas en el sur de Suecia, norte de Alemania, las Landas francesas o el entorno de la laguna de Gallocanta.

Si próxima es la especie a los ojos humanos, su comportamiento social es igualmente llamativo así que tenemos que hacer referencia obligada a las relaciones intraespecíficas, es decir, entre sus propios congéneres, por ser otro de aquellos aspectos que hacen atractivas estas aves a la percepción humana. Al marcado gregarismo ya mencionado, que es propio de los ejemplares inmaduros durante todo el año y de las aves adultas fuera del periodo reproductor, hay que añadir las complejas interacciones relacionadas con otros aspectos de su biología como el cortejo y la cría, la defensa del territorio de reproducción, la integración en bandos, la migración, uso de dormideros, desplazamientos diarios a las zonas de alimentación y la ocupación y aprovechamiento de las mismas. Entre los primeros, son particularmente llamativas y estéticas al ojo humano las danzas y rituales relacionados con la cohesión entre los miembros de la pareja, que se forman de por vida en el caso de la grulla común, y que se reafirman anualmente ya en las zonas de invernada en la fase final de este periodo fenológico, al final del cuidado de su progenie. Es entonces cuando pueden verse a las aves emitiendo trompeteos efectuados desde el suelo con cuellos y cabeza completamente estirados hacia el cielo, en muchos casos frente a frente entre parejas, seguidos de espectaculares saltos. Esta pauta, muy extendida entre las especies de grullas, ha tenido su proyección en algunas facetas del arte, incluida la danza (v. g. Hagyeonhwa Daehapseolmu, la Danza de la Grulla y el Loto en Corea), y de forma muy extendida en la pintura, como no, casi siempre en busca de la belleza. Estas “danzas” a los ojos humanos, se mantendrán hasta la llegada a los territorios de reproducción y culminarán con la construcción del nido y las cópulas hasta iniciarse el proceso de cría de los pollos una nueva temporada. En los individuos subadultos estas acciones permitirán establecer posibles vínculos de pareja. Son precisamente los cuidados parentales, otra de las facetas llamativas de estas especies. Los pollos, nidífugos, pasan a depender de sus progenitores de inmediato a los que seguirán con gran fidelidad durante todo el periodo de dependencia que se prolonga a lo largo de todo el invierno siguiente al de su nacimiento. Un porcentaje alto de estos individuos jóvenes romperán sus lazos familiares a lo largo del recorrido migratorio de retorno, finalizando la estación invernal o incluso en las propias áreas de invernada. Su supervivencia dependerá a partir de entonces de su integración en grupos formados por otros individuos jóvenes como él y por ejemplares, más expertos, inmaduros y subadultos, que les guiarán de retorno a las áreas de origen del centro y norte de Europa, pero aprovecharán también las pautas aprendidas de sus padres a lo largo de todo un invierno en cuanto al uso de recursos de alimentación, selección y ocupación de dormideros y prevención frente a depredadores.

Todos estos aspectos de su biología mueven a miles de personas a lo largo de su ruta migratoria a observar las concentraciones de esta especie, desde el lago de Hornborga, en Suecia, hasta La Janda, en Cádiz, pasando por Rügen, en Alemania, Lac du Der, en la Champagna francesa o la laguna de Gallocanta en nuestra región. Bien llevado, es un recurso turístico que encajando a la perfección dentro del turismo verde, debe tenerse en cuenta.

Las grullas, como pocas especies, manifiestan al ojo humano pautas que muestran un equilibrio entre las referencias biológicas grabadas genéticamente por un largo proceso evolutivo y el aprendizaje y la experiencia vital que será muy amplia gracias a la longevidad de estas especies; y es por ello que un soleado día de finales de febrero podemos girar nuestra vista hacia el cielo en busca del origen de sonoros trompeteos que nos indican que el gran ciclo vital sigue en marcha.

Dicho popular: “Grullas para abajo, quédate con el amo aunque sea sin trabajo; grullas para arriba, no te quedes ni aunque te lo pida”.

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De la popularidad de las grullas (I)

Ya hace unos días que llegaron aprovechando una ventana de tiempo bonancible con viento dominante y suave del suroeste en la última semana de febrero. El mal tiempo se instauró en la altiplanicie de Gallocanta, impidiendo el desarrollo de su migración hacia el norte. Pasados unos días la meteorología ha cambiado. Tras una fría noche, con el amanecer, su instinto no les lleva esta vez a buscar alimento a puntos más lejanos. Esa mañana recorrerán una nueva fase de su viaje, y con la luz del día es importante arreglarse el plumaje y calentar músculos. En la mancha gris, que destaca sobre la lámina de agua de la laguna, se ven ininterrumpidamente secuencias de aleteos. Poco a poco esa mancha amplia se irá haciendo menos densa conforme, de forma paulatina, salen bandos de grullas a las zonas de alimentación situadas en las orillas de la propia laguna a apenas unos pocos kilómetros de donde han pasado la noche.

A las pocas horas el sol empieza a caldear el aire, y con ello se incrementa la excitación de las grullas como muestran sus algarabías en forma de trompeteos emitidos en el suelo. Son muy distintos a los que se escuchan en el desarrollo de su vuelo para mantener la cohesión del grupo, esta vez indican partida inmediata. En andanadas, siguiendo un impulso ese día irrefrenable, saltan en grupos, primero ordenados, hasta alcanzar la vertical de las laderas de la sierra de Peña Alta, entre los pueblos de Gallocanta y Tornos. Allí las corrientes de aire verticales las impulsarán dibujando amplios círculos anárquicos en el aire hasta alcanzar la altura suficiente que les permita atisbar el amplio horizonte que se extiende entre las tierras del Jiloca y del Alto Huerva. Se organizarán en bandos que dibujan prolongadas “uves” en el cielo y tomarán rumbo dominante norte.

Ya hace unas semanas que discurrió un año más el pico de migración de final de invierno que llevará a esta ave viajera a sus zonas de reproducción del centro y norte de Europa (Alemania, Polonia, Países Bálticos, Escandinavia) en algunos casos más allá del Círculo Polar Ártico. La grulla común, y en sentido genérico las 15 especies que integran la familia Gruidae, pueden ser consideradas entre las especies de aves que guardan un trasfondo folclórico más evidente por su interrelación con el hombre. En no pocas culturas, estas aves forman parte del poso de tradiciones ancestrales -baste recordar el “origami” japonés donde la grulla es protagonista- llegando a ser consideradas aves sagradas en las culturas orientales. En un sentido moderno, las grullas son vistas como auténticos iconos. Simbolizan en cierta medida libertad, sociabilidad y unión de pueblos.

¿Qué caracteres encierran estas especies, y en concreto nuestra grulla común, para inspirar estas evocaciones? En primer lugar podría hacerse referencia a la pura estética que desprenden ante nuestros sentidos. Es un animal de grandes dimensiones, llamativo y muy visible, que además por su biología ha evolucionado hacia un ave zancuda con cuello estilizado, que le permite desplazarse por zonas pantanosas y altas praderas y a su vez vigilar con eficacia el horizonte para evitar el ataque de depredadores. Aún para las especies con tonalidades dominantes menos llamativas, como en el caso de la grulla común, en la que predomina el plumaje gris, existen elementos del plumaje que resaltan a la vista; el contraste blanquinegro de la cara y cuello, o los tonos rojos vivos de la parte superior de la cabeza. Para rematar destacan con el ave posada los “plumeros” despeinados que se extienden sobre la cola y que corresponden en realidad a las plumas terciarias del ala.

Qué decir de su comportamiento, su etología. Salvo en el proceso reproductivo, en el que las aves adultas se muestran altamente territoriales defendiendo sus áreas de nidificación y alimentación frente a otros congéneres, son especies que siguen estrategias dominadas por un elevado gregarismo social para poder así optimizar el uso de recursos, dormideros y zonas de alimentación, y para el desarrollo de sus migraciones. Y éste, en tercer lugar, es otro de los aspectos que marcan el atractivo de estas especies para el ser humano. Entre las zonas de reproducción, en muchos casos muy septentrionales como en el caso de la grulla común, y las zonas de invernada, se extienden amplias distancias, en no pocos casos interrumpidas por importantes barreras montañosas. Esas distancias se fraccionan gracias a la presencia de zonas favorables donde los bandos migratorios dispongan de los dos elementos determinantes para su parada estratégica; un dormidero seguro, generalmente masas de agua someras, y zonas de alimentación. Esas zonas de parada, que pueden tener una dinámica muy particular en cuanto a su uso año tras año, unen pueblos y…hasta nombres; Lac du Der, conocido también como Lac du Chantecoq en el norte de Francia, y Laguna de Gallocanta, al sur de los Pirineos, un mismo nombre para dos localidades estratégicas. Ello hace que estas aves sean conocidas y esperadas a lo largo de sus largas rutas de migración. Los nombres populares con que se denominan hacen referencia con frecuencia a sus llamativas voces; son nombres que guardan cierta musicalidad y que no nos dejan indiferentes aunque estemos lejos de conocer su significado; grulla, grue, crane, tranor, kranich, kran, żuraw, kurjen; español, francés, inglés, sueco, alemán, noruego, polaco, finlandés. ¿La vocalización de todo un continente?

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Selma

Educación ambiental, otra forma de ver la montaña

En Aragón somos afortunados de tener un valioso patrimonio natural y una biodiversidad envidiable. Montañas, ríos, glaciares, estepas, lagunas saladas, dolinas, cuevas, mallos, valles… configuran algo más que bellos paisajes.

Desde hace algo más de 10 años me dedico a la Educación Ambiental , seguramente muchos de  vosotros os preguntareis… ¿qué es eso de la Educación Ambiental?  Pues bien, la educación ambiental es un proceso educativo, no formal, que permite al individuo comprender las relaciones de interdependencia con su entorno, a partir del conocimiento reflexivo y crítico de su entorno en su más amplia dimensión (natural, social, política, económica y cultural).

Y una de las mejores herramientas que tenemos para llevar a cabo este proceso, es la interpretación del patrimonio/interpretación del paisaje que nos permite revelar el significado natural, cultural y/o histórico de un lugar determinado.

Cuando salimos a un entorno natural, la información directa que recibimos es básicamente paisajística, por lo que acercarnos al conocimiento del paisaje desde la conciencia de que somos parte importante de él y que nuestros comportamientos diarios pueden alterar su estructura y dinámica, la generación de conocimiento y sensibilización ambiental, nos sirva para valorarlo y asumir acciones más respetuosas que contribuyan a su conservación.

 “Como un gran poeta, la naturaleza produce los mejores efectos con pocos materiales: sol, árboles, flores, agua y amor; nada más. Si el corazón del que mira carece de este último, el conjunto se le aparecerá como un adefesio; el sol sólo tiene unos cuantos kilómetros de diámetro, los árboles son estupendos como leña, las flores se clasifican por el número de estambre y el agua… es húmeda.”   

Herinrich Heine, El viaje por el Harz

 Cuando salimos al monte, ascendemos una montaña, hacemos senderismo… ¿estamos abiertos a lo que el paisaje nos ofrece? ¿Percibimos todo la información de nuestro entorno? O… ¿sólo es el reto de subir una cumbre, lograr una hazaña?

Los educadores ambientales, buscamos la otra forma de ver las cosas, sin abandonar los retos y objetivos personales, intentamos hacer un llamamiento a la cabeza, a la mente. Y ¿Por qué no incluir un llamamiento al corazón durante la actividad para lograr un impacto parecido al que causa la naturaleza con tanta facilidad y sin reservas mediante la presentación de un hermoso paisaje?

El paisaje ofrece a los seres humanos una fuente de estímulos y recursos en diversas dimensiones:

  • Estética, es fuente de sentimientos y sensaciones. ¿Cómo te sientes cuando admiras un paisaje desde lo más alto de una montaña, desde un desfiladero o desde un rincón al que poca gente llega? La observación del paisaje despierta en nosotros las capacidades contemplativas y de interiorización de las vivencias ambientales.
  • Informativa: es fuente de estímulos de la que obtenemos información básica para nuestra supervivencia. ¿Cuántas veces has tenido que parar y observar el paisaje para encontrar el camino? ¿Que buscaban en el entorno nuestros antepasados prehistóricos para asentarse en un lugar determinado? ¿Por qué las piedras tienen estas formas? ¿Qué hace aquí este árbol? ¿de dónde surge y por qué esta cascada?  … el paisaje  es un encubridor de misterios, emite infinidad de estímulos que esconden una información múltiple del entorno (histórica, cultural, procesos naturales…). Esta información puede ser desvelada si nos paramos a observar y rebuscar en nuestros conocimientos y estar receptivos “a estos mensajes que nos envía el entorno”
  • Transformadora: lo modificamos con nuestras acciones. El paisaje como elemento desencadénate de juicios de valor estético, éticos o adaptativos, ofrece una herramienta de actuación para clarificar escalas de valores hacia la conservación de entorno. La identificación de impactos paisajísticos permite definir problemas ambientales y tomar una postura hacia ellos, concretando medidas de intervención para reparar daños y alteraciones generadas por las actuaciones humanas.

Estas tres dimensiones aportan al amante del montañismo otra visión de la montaña, ya no solo es el reto deportivo de alcanzar la cima,  sino la satisfacción  de aprender y escuchar lo que nos cuenta la montaña,  desde el respeto y la responsabilidad de alterarla lo menos posible.

Fuentes:                                                                                                                            Revista Biocenosis,                                                                                                              La interpretación de nuestro patrimonio. Freeman Tilden

Selma

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