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De la popularidad de las grullas (I)

Ya hace unos días que llegaron aprovechando una ventana de tiempo bonancible con viento dominante y suave del suroeste en la última semana de febrero. El mal tiempo se instauró en la altiplanicie de Gallocanta, impidiendo el desarrollo de su migración hacia el norte. Pasados unos días la meteorología ha cambiado. Tras una fría noche, con el amanecer, su instinto no les lleva esta vez a buscar alimento a puntos más lejanos. Esa mañana recorrerán una nueva fase de su viaje, y con la luz del día es importante arreglarse el plumaje y calentar músculos. En la mancha gris, que destaca sobre la lámina de agua de la laguna, se ven ininterrumpidamente secuencias de aleteos. Poco a poco esa mancha amplia se irá haciendo menos densa conforme, de forma paulatina, salen bandos de grullas a las zonas de alimentación situadas en las orillas de la propia laguna a apenas unos pocos kilómetros de donde han pasado la noche.

A las pocas horas el sol empieza a caldear el aire, y con ello se incrementa la excitación de las grullas como muestran sus algarabías en forma de trompeteos emitidos en el suelo. Son muy distintos a los que se escuchan en el desarrollo de su vuelo para mantener la cohesión del grupo, esta vez indican partida inmediata. En andanadas, siguiendo un impulso ese día irrefrenable, saltan en grupos, primero ordenados, hasta alcanzar la vertical de las laderas de la sierra de Peña Alta, entre los pueblos de Gallocanta y Tornos. Allí las corrientes de aire verticales las impulsarán dibujando amplios círculos anárquicos en el aire hasta alcanzar la altura suficiente que les permita atisbar el amplio horizonte que se extiende entre las tierras del Jiloca y del Alto Huerva. Se organizarán en bandos que dibujan prolongadas “uves” en el cielo y tomarán rumbo dominante norte.

Ya hace unas semanas que discurrió un año más el pico de migración de final de invierno que llevará a esta ave viajera a sus zonas de reproducción del centro y norte de Europa (Alemania, Polonia, Países Bálticos, Escandinavia) en algunos casos más allá del Círculo Polar Ártico. La grulla común, y en sentido genérico las 15 especies que integran la familia Gruidae, pueden ser consideradas entre las especies de aves que guardan un trasfondo folclórico más evidente por su interrelación con el hombre. En no pocas culturas, estas aves forman parte del poso de tradiciones ancestrales -baste recordar el “origami” japonés donde la grulla es protagonista- llegando a ser consideradas aves sagradas en las culturas orientales. En un sentido moderno, las grullas son vistas como auténticos iconos. Simbolizan en cierta medida libertad, sociabilidad y unión de pueblos.

¿Qué caracteres encierran estas especies, y en concreto nuestra grulla común, para inspirar estas evocaciones? En primer lugar podría hacerse referencia a la pura estética que desprenden ante nuestros sentidos. Es un animal de grandes dimensiones, llamativo y muy visible, que además por su biología ha evolucionado hacia un ave zancuda con cuello estilizado, que le permite desplazarse por zonas pantanosas y altas praderas y a su vez vigilar con eficacia el horizonte para evitar el ataque de depredadores. Aún para las especies con tonalidades dominantes menos llamativas, como en el caso de la grulla común, en la que predomina el plumaje gris, existen elementos del plumaje que resaltan a la vista; el contraste blanquinegro de la cara y cuello, o los tonos rojos vivos de la parte superior de la cabeza. Para rematar destacan con el ave posada los “plumeros” despeinados que se extienden sobre la cola y que corresponden en realidad a las plumas terciarias del ala.

Qué decir de su comportamiento, su etología. Salvo en el proceso reproductivo, en el que las aves adultas se muestran altamente territoriales defendiendo sus áreas de nidificación y alimentación frente a otros congéneres, son especies que siguen estrategias dominadas por un elevado gregarismo social para poder así optimizar el uso de recursos, dormideros y zonas de alimentación, y para el desarrollo de sus migraciones. Y éste, en tercer lugar, es otro de los aspectos que marcan el atractivo de estas especies para el ser humano. Entre las zonas de reproducción, en muchos casos muy septentrionales como en el caso de la grulla común, y las zonas de invernada, se extienden amplias distancias, en no pocos casos interrumpidas por importantes barreras montañosas. Esas distancias se fraccionan gracias a la presencia de zonas favorables donde los bandos migratorios dispongan de los dos elementos determinantes para su parada estratégica; un dormidero seguro, generalmente masas de agua someras, y zonas de alimentación. Esas zonas de parada, que pueden tener una dinámica muy particular en cuanto a su uso año tras año, unen pueblos y…hasta nombres; Lac du Der, conocido también como Lac du Chantecoq en el norte de Francia, y Laguna de Gallocanta, al sur de los Pirineos, un mismo nombre para dos localidades estratégicas. Ello hace que estas aves sean conocidas y esperadas a lo largo de sus largas rutas de migración. Los nombres populares con que se denominan hacen referencia con frecuencia a sus llamativas voces; son nombres que guardan cierta musicalidad y que no nos dejan indiferentes aunque estemos lejos de conocer su significado; grulla, grue, crane, tranor, kranich, kran, żuraw, kurjen; español, francés, inglés, sueco, alemán, noruego, polaco, finlandés. ¿La vocalización de todo un continente?

Firma post Javier Sampietro

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