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Selma

Educación ambiental, otra forma de ver la montaña

En Aragón somos afortunados de tener un valioso patrimonio natural y una biodiversidad envidiable. Montañas, ríos, glaciares, estepas, lagunas saladas, dolinas, cuevas, mallos, valles… configuran algo más que bellos paisajes.

Desde hace algo más de 10 años me dedico a la Educación Ambiental , seguramente muchos de  vosotros os preguntareis… ¿qué es eso de la Educación Ambiental?  Pues bien, la educación ambiental es un proceso educativo, no formal, que permite al individuo comprender las relaciones de interdependencia con su entorno, a partir del conocimiento reflexivo y crítico de su entorno en su más amplia dimensión (natural, social, política, económica y cultural).

Y una de las mejores herramientas que tenemos para llevar a cabo este proceso, es la interpretación del patrimonio/interpretación del paisaje que nos permite revelar el significado natural, cultural y/o histórico de un lugar determinado.

Cuando salimos a un entorno natural, la información directa que recibimos es básicamente paisajística, por lo que acercarnos al conocimiento del paisaje desde la conciencia de que somos parte importante de él y que nuestros comportamientos diarios pueden alterar su estructura y dinámica, la generación de conocimiento y sensibilización ambiental, nos sirva para valorarlo y asumir acciones más respetuosas que contribuyan a su conservación.

 “Como un gran poeta, la naturaleza produce los mejores efectos con pocos materiales: sol, árboles, flores, agua y amor; nada más. Si el corazón del que mira carece de este último, el conjunto se le aparecerá como un adefesio; el sol sólo tiene unos cuantos kilómetros de diámetro, los árboles son estupendos como leña, las flores se clasifican por el número de estambre y el agua… es húmeda.”   

Herinrich Heine, El viaje por el Harz

 Cuando salimos al monte, ascendemos una montaña, hacemos senderismo… ¿estamos abiertos a lo que el paisaje nos ofrece? ¿Percibimos todo la información de nuestro entorno? O… ¿sólo es el reto de subir una cumbre, lograr una hazaña?

Los educadores ambientales, buscamos la otra forma de ver las cosas, sin abandonar los retos y objetivos personales, intentamos hacer un llamamiento a la cabeza, a la mente. Y ¿Por qué no incluir un llamamiento al corazón durante la actividad para lograr un impacto parecido al que causa la naturaleza con tanta facilidad y sin reservas mediante la presentación de un hermoso paisaje?

El paisaje ofrece a los seres humanos una fuente de estímulos y recursos en diversas dimensiones:

  • Estética, es fuente de sentimientos y sensaciones. ¿Cómo te sientes cuando admiras un paisaje desde lo más alto de una montaña, desde un desfiladero o desde un rincón al que poca gente llega? La observación del paisaje despierta en nosotros las capacidades contemplativas y de interiorización de las vivencias ambientales.
  • Informativa: es fuente de estímulos de la que obtenemos información básica para nuestra supervivencia. ¿Cuántas veces has tenido que parar y observar el paisaje para encontrar el camino? ¿Que buscaban en el entorno nuestros antepasados prehistóricos para asentarse en un lugar determinado? ¿Por qué las piedras tienen estas formas? ¿Qué hace aquí este árbol? ¿de dónde surge y por qué esta cascada?  … el paisaje  es un encubridor de misterios, emite infinidad de estímulos que esconden una información múltiple del entorno (histórica, cultural, procesos naturales…). Esta información puede ser desvelada si nos paramos a observar y rebuscar en nuestros conocimientos y estar receptivos “a estos mensajes que nos envía el entorno”
  • Transformadora: lo modificamos con nuestras acciones. El paisaje como elemento desencadénate de juicios de valor estético, éticos o adaptativos, ofrece una herramienta de actuación para clarificar escalas de valores hacia la conservación de entorno. La identificación de impactos paisajísticos permite definir problemas ambientales y tomar una postura hacia ellos, concretando medidas de intervención para reparar daños y alteraciones generadas por las actuaciones humanas.

Estas tres dimensiones aportan al amante del montañismo otra visión de la montaña, ya no solo es el reto deportivo de alcanzar la cima,  sino la satisfacción  de aprender y escuchar lo que nos cuenta la montaña,  desde el respeto y la responsabilidad de alterarla lo menos posible.

Fuentes:                                                                                                                            Revista Biocenosis,                                                                                                              La interpretación de nuestro patrimonio. Freeman Tilden

Selma

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adultos

¡A jugar!

¿Compartimos algo con seres tan diversos como un erizo, una nutria, un canguro, una ballena, un murciélago o una musaraña? La respuesta es sí. Somos mamíferos, es decir que aparte de poseer pelo, durante nuestra más tierna infancia dependemos de la leche materna para sobrevivir. Sin duda, ¡todo un logro evolutivo!

Además, en toda edad, pero sobre todo cuando jóvenes, los mamíferos dedicamos tiempo a jugar, pues nacemos inacabados y tenemos la oportunidad de crecer jugando. Las personas jugamos para desarrollar la capacidad de imaginar y de expresar, de relacionarnos entre nosotros y con lo que nos rodea. El juego también es un magnífico entrenamiento para el cambio, para experimentar novedades interpretando señales, cuidando a otros o resolviendo conflictos. En definitiva, es una actividad que interesa, nos hace sentir mejor, gozamos y a la vez aprendemos.

El juego constituye un medio privilegiado para fomentar talantes proambientales y la educación ambiental tiene esto muy presente, de manera que lo utiliza como instrumento. En educación ambiental no se juega por jugar y se es muy consciente que las dinámicas lúdicas permiten promover actitudes en las personas para hacerlas “caer en la cuenta” e interiorizar que los recursos del Planeta son finitos y que éste tiene unos límites que no es prudente sobrepasar.

Así, los escenarios imaginarios que crea un juego dan la posibilidad de comprender procesos complejos, transmitir mensajes y contenidos o provocar el análisis y la reflexión ante situaciones o problemas -reales- ambientales. Queda el siguiente paso y fin último de la educación ambiental: adquirir la determinación para actuar ante esos problemas.

Crear nuevos juegos, adaptar los “de toda la vida”, o mezclar unos con otros para que jugar sea un placer y un momento de aprendizaje no exento de reflexión, es una parte importante de una acción de educación y sensibilización ambiental bien construida.

Jmbaselga

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